Holas! Aquí os traigo otro one-short. Esta vez en vez de protagonizarlos el LoVe, he querido intentar algo diferente y he probado con Madison Sinclair y su hermana pequeña (que en realidad sería hermana de Mac, claro). Por tanto, Sin Spoiler excepto para los que no hayais visto el 1x11.
La verdad es que este me ha resultado más difícil xq aunque Madison sale bastante creo que su caracter en la serie es bastante arquítipico (es la chica mala y popular y punto) Así que no sé si habré acertado con el personaje o no, Me queda por ver la temporada III, así que si en esta le dan más protagonismo o lo que sea, no me he podido servir de ello. Sin aburriros más, Espero que os guste y me dejeis mensajitos ¡Que me dan ánimos!
LA BONDAD DE MADISON
El sonido de sus pasos era inconfundible, sus tacones golpeando el mármol de las escaleras, con movimientos rápidos, ágiles, casi estudiados para una irremediable perfección. Siempre el mismo sonido bajaba las escaleras, enfundados en los mismos pies, dominados por la misma reina.
Lauren Sinclair se acomodó en la butaca con la nariz casi rozando el libro que estaba leyendo en esos instantes. Frunció la nariz al oír que el conocido taconeo de su hermana se acercaba con lentitud hacía la biblioteca. Sabía que ella no iba a entrar en la biblioteca, alzaría la voz desde la puerta, diría cualquiera estupidez y se iría con su taconeo a otra parte. Madison nunca entraba en la biblioteca, a menos que fuera estrictamente necesario, le tenía una extraña alergia a tantos libros “ de escritores deprimidos” como alguna vez los había llamado. Lo único que a veces se molestaba en leer eran las revistas de moda que tenía apiladas en la mesilla de noche.
Lauren se encogió de hombros como si intentara esconderse por completo en el libro que sujetaba, había pasado a fingir que leía las letras que se sucedían en el libro mientras que en realidad sólo estaba atenta a ese maldito ruido que anunciaba la presencia de su hermana. Un taconeo y otro más. Ya estaría ante la puerta, apoyando su mano con uñas cuidadosamente pintadas en el borde de madera y frunciendo sus labios carmín como mueca de enfado.
- ¿Dónde está mi pintalabios?
Lauren se encogió de hombros, no iba a responder pero ante el notorio fruncido de ceños de su hermana dijo- No tengo edad de pintarme los labios. ¿Por qué me preguntas a mí?
- ¿Quién si no los iba a coger? Siempre aprovechas para robarme de mi habitación cualquier cosa...
- Yo no robo nada de tu habitación. Quizá fue mamá quién cogió tu pintalabios.
- Mamá no usa el rosa- contestó Madison colocándose un mechón de su pelo rubio tras la oreja- Si me entero que has sido tú. Me encargaré de que papá se enteré quién rompió su estatuilla India...esa que tanto le gustaba.
- ¡Eso fue hace mucho tiempo!-se defendió Lauren.
- ¡Tengo buena memoria!- dijo Madison colocándose todo su cabello tras los hombros, alzó la cabeza y se dio la vuelta con elegancia para volver por donde había venido.
Lauren arrugó la nariz, desagrada por la amenaza de su hermana y volvió a mirar hacia las letras de su libro. Maldita sea, había olvidado por qué página iba.
Lauren se miró al espejo arrugando la nariz, como siempre hacia cuando le desagradaba algo. Su pelo, por mucho que lo cepillara, nunca se quedaría tan liso como el de Madison. Sí, en cierto modo la admiraba, al fin y al cabo, era su hermana mayor. Ellas no se parecían en nada, Lauren era más bajita, de pelo moreno, cabeza redondeada y sus pechos aún no había adoptado forma redondeada. Se dio un tirón más de pelo, pero su cabello volvió a su forma normal. Se mordió el labio de abajo, intentando aguantar algunas lágrimas y lanzó el cepillo contra el suelo.
- Espero que ese cepillo no sea mío- Se oyó la voz de Madison desde la puerta, tenía los brazos cruzados y con las alargadas uñas de una de sus manos golpeaba el quicio. Lauren negó con la cabeza, mordiéndose aún el labio.
Madison entró en la habitación, se agachó sin que su pequeña falda se moviera en absoluto y agarró el cepillo.
- Siéntate- le indicó. Lauren no se movió- Siéntate- repitió, esta vez con un tono de voz más estricto.
Lauren se sentó en el borde de la cama, con los brazos cruzados y los ojos aún llorosos. Madison se colocó detrás suya y sin decir nada comenzó a peinarla.
- No lo intentes. Se quedará horrible de todas formas...
Madison no dijo nada, tampoco dejó de cepillarle el pelo.
- Un chico de mi clase dijo que era fea comparada contigo- dijo Lauren.
- Y eso me incumbe porque...-dijo Madison dejando claro que no le interesaban los problemas de su hermana.
- porque intentas alisarme el pelo, supongo- dijo Lauren. Sin sentirse muy ofendida, ya estaba acostumbrada al humor de su hermana.
Madison asintió con la cabeza, dándole la razón- Tienes un pelo horrible- dijo dejando de cepillarle- Es liso, pero no del todo liso.
- ¿Sabes, Madison? ¡A veces, no es necesario que seas tan sincera!- dijo Lauren enfadada.
- Date prisa, hoy te llevo yo al cole...- dijo Madison ignorando el comentario anterior.
-¿ Y si no quiero que tú me lleves al colegio?
- ¿Me vas a privar del placer de que nos comparen?-dijo Madison cogiendo su bolso y saliendo de la habitación, segura de que Lauren la iba a seguir. Su hermana pequeña suspiró, se miró al espejo y luego salió de la habitación tras Madison.
-¡¡Mamá!!- la voz de Madison inundó la casa, sus tacones sonaron con fuerza, a la vez que daba un portazo- ¿Se ha ido ya?
- ¿Quién?-quiso saber su madre mientras limpiaba los platos.
- La cosa esa, Mac creo que la llaman.
Su madre arrugó los labios, se dio la vuelta con el plato aún en la mano y con el semblante serio dijo- No la vuelvas a llamar así. Era una invitada de tu fiesta, Madison. Y no creo que yo te haya enseñado modales como esos.
Madison puso los ojos en blanco- No es para ponerse así. Sólo que no me cae bien, me tiene envidia- se pasó la mano por la frente, se colocó el flequillo y dijo- Da igual. ¿Sabes donde está mi bolso?
- ¿Qué bolso?
- El rosa.
- En el sótano
- ¿Qué hace allí?-dijo Madison adquiriendo un rostro serio.
- Me dijiste que ya no lo querías, pensaba tirarlo.
- ¡No lo quería porque me ibas a comprar otro por mi cumpleaños! Pero al final contrastaste la orquesta así que quiero mi bolso rosa.
- Ve a cogerlo tú.
- No, mama...está oscuro, con algo de polvo y las escaleras...
- Yo estoy fregando- contestó la madre señalando el plato que aún sostenía- y tu hermana está dibujando.
- Que raro que no esté leyendo- dijo Madison echando una mirada a su hermana que estaba en la mesa de la cocina. Lauren también la miró, puso los ojos en blanco pero decidió no decir nada- Lauren, ve a hacer compañía a Dick, está esperándome en el salón.
Lauren no estaba segura de si lo que temía Madison era que Dick rompiera algo del salón o si realmente le preocupaba que Dick se aburriera. Fuera cual fuera la respuesta, Dick siempre le había parecido gracioso a Lauren así que asintió y se dirigió al salón.
Las escaleras del sótano estaban muy empinadas y los peldaños muy separados. Sus tacones al impactar contra la madera que formaba la escalera sonaba mucha más que normalmente y la barandilla se balanceaba algo. Madison encendió la luz y sorteó algunas cajas que había ordenadas por el suelo.
-¿Dónde está el bolso?-se dijo a sí misma.
Sobre una caja estaba su bolso rosa, confeccionado por un codiciado diseñador de Nueva York.
Madison lo cogió con rapidez, se giró con cuidado y observando sus pies evitó las cajas que le cerraban el camino. Sus ojos pararon sobre una en particular: “Madison” Ponía con letras grandes.
Se sentó en una de las cajas, tras quitarle algo de polvo de encima por supuesto, se cruzó de piernas y puso la caja con su nombre sobre su regazo.
- Serán fotos, juguetes de pequeña...-se dijo mientras habría la tapa. En su interior no había más que papeles y papeles.
Madison levantó el primero que era un recorte de periódico, hablando de una denuncia al hospital por haber intercambiado por error a dos chicas que habían nacido por una fecha cercana. Los nombres de las familias eran “Sinclair” y “Mckezie”. En ese momento aquel pequeño recorte llamó toda su atención, haciéndole olvidar que estaba en un sótano, sentada sobre una caja de madera...aquello no tenía nada de glamour.
- Joder- susurró para sí mirando las otras hojaas. Los certificados de nacimiento, una carta de disculpa del hospital, otro certificado anunciado que las familias habían decidido quedarse con el bebé equivocado y otras hojas más que Madison no entendía muy bien- Mckenizie, Cindy Mckenzie.
De repente se encontró mareada, no podía ser verdad, simplemente no podía ser cierto. Su familia en realidad era pobre...¿No era una Sinclair?¿No era Madison Sinclair? Respiró con fuerza...Era rica aunque sus padres no lo fueran, Señor, pensándolo bien Dios tenía que quererla mucho... guardó con nerviosismo las hojas en la caja. Ella era una Sinclair, de familia adinerada y buen apellido. Dijeran lo que dijeran unos viejos papeles.
- ¿Quieres tomar algo?- Lauren se sentó en el sofá, había llevado consigo los folios y los lápices.
- ¿Me puedes ofrecer una cerveza?-dijo Dick.
- Creo que no.
- Entonces nada-contestó Dick y entonces se puso a silbar mirando todo el salón- ¿Madison va a tardar mucho?
- No. El sótano no está lejos.
- Claro, supongo- Si algo estaba claro era que a Dick no le gustaba el silencio y la tranquilidad- Eh...¿Qué tal los novios?
Lauren frunció el ceño. Sabía que eran preguntas típicas pero últimamente su moral no estaba muy alta-¿Por qué lo preguntas?
- Eres guapa. Tienes que tener centenares de novios.
-¿Crees que soy guapa?- Lauren dejó escapar una pequeña sonrisa. Pensaba que era guapa, no sólo eso...Un chico mayor pensaba que ella era guapa.
- Sí. Madison con tu edad tenía una belleza parecida...
- Es mentira- dijo Lauren desconfiada.
- Es verdad, pero si no quieres creerme...
En ese momento llegó Madison, parecía agitada, sus tacones impactaban con más fuerza contra el suelo, su pelo se aireaba mientras ella caminaba con prisas. Lauren juró que algunos jarrones vibraron un poco cuando Madison pasó junto a ellos, como si sus tacones hubieran conseguido hacer temblar al suelo.
- ¿Estás bien?- preguntó Lauren soltando sobre la mesa los lápices.
Su hermana suspiró, utilizó su mano como un abanico y tardó bastante en contestar.
- Algo mareada-susurró Madison- vayamos a tomar algo-dijo agarrando el brazo de Dick, mientras que con el otro sostenía su bolso. Sin decir nada más a su hermana pequeña que le observaba aún arrodillada ante la pequeña mesa del salón, Madison salió con prisa de la caja dejando a Lauren sólo con el sonido de sus tacones que cada vez sonaban más suaves y más lejanos a medida que Madison cruzaba el jardín. Rodeada ya de la verde vegetación y sin los ojos de ninguno de sus familiares, Madison se permitió hacer un respiro. Paró unos segundos, se alisó las arrugas de la falda, se acercó al coche de Dick y esperó a que este llegara ante ella.
- ¿Te pasa algo?-preguntó Dick más curioso que preocupado.
- Abre el coche Dick. Vayamos a cualquier lado.
Dick asintió pero no abrió el coche. Se llevó la mano al pelo, Madison le había pedido algo al entrar en su casa y no entendía muy bien por qué... No se quedaría con la duda.
- ¿Por qué querías que le dijera a tu hermana que era guapa?
- Dick, el coche- dijo Madison impaciente.
Lauren se metió en su cama sosteniendo el libro con fuerza, le quedaban cinco páginas y lo habría terminado. No sabía si alegrarse o entristecerse porque el final llegaba, ese libro la había entretenido bastante.
Una vez más los tacones comenzaron a sonar cada vez más cercanos.
- Madison-la llamó Lauren sin esperar a verla cruzar por la puerta.
Madison suspiró al llegar ante el cuarto de su hermana- ¿No deberías estar dormida?-dijo lo más grosera que pudo.
- ¿Estás bien?-quiso saber ignorando la grosería de su hermana, a la que ya se había acostumbrado.
-¿Por qué debía de estar mal?- dijo Madison, alzando la cabeza.
Lauren se encogió de hombros.
- Mi pintalabios-dijo Madison de repente, señalando hacia la mesilla de noche sobre la que estaba depositado su querido pintalabios rosa - Sabía que me lo habías cogido- Madison frunció el ceño, en realidad ahora sólo le apetecía irse a la cama - No te queda bien el rosa, no tienes la piel blanco perla como yo.
- Ya -susurró Lauren extrañada de que Madison le diera alguno de sus consejos, sin faltar sus tonos ofensivos (pero consejos al fin), en vez de gritarle como una histérica.
- ¿Has vuelto hablar con Cindy?- quiso saber Madison, de repente aquella tal Mac le provocaba más asco que antes, la odiaba más y se alegraba haber sido la afortunada en aquel error por parte del hospital. Madison Sinclair era rica, nació para ello y estaba viviendo para ello.
- ¿Mac? Sí.
- Eso, Mac-dijo Madison- Esa es una mentirosa.
- A mí me cae bien...
Madison asintió y se dispuso a irse, pero antes de atravesar la puerta se paró en seco miró hacia su hermana pequeña y dijo- Ey, si te dice algún día que no soy tu hermana, no la creas.
Dicho esto se fue. Lauren miró extrañada como se iba, aquello era lo más raro que su hermana le había dicho en la vida. Pero era Madison ¿Qué podía esperarse de ella? Nunca la llegaría a comprender del todo.