View Full Version: En el filo de las olas

Seattle Grace > FanFics > En el filo de las olas



Title: En el filo de las olas
Description: AU MerDer


I_love_McDreamy - June 8, 2008 12:16 AM (GMT)
user posted image


Ale, os presento mi nuevo fic :P
Es MerDer AU. Mis objetivos con este fic son varios. El primero y más importante es que quiero que aquel que lo lea viva una regresión a la adolescencia xD. Será totalmente teenager, osease, MerDer a los 17. Y sobra decir que es "el fic del verano" xD, con playa y surf. El segundo objetivo es el más duro para mí: publicar más a menudo xD. Ahora estoy con exámenes, así que no será posible, pero en cuanto acabe prometo ponerme a full con todos los fics y actualizar cada día, seriously :P

Y sin más, os presento el capi piloto que, por cierto, es sesión doble. Hoy traigo la primera parte, la segunda en breve :yuju:

Espero que os guste :wub:

------------------------------------------------------------------------------------------------------

EPISODIO PILOTO (1ª parte): I'm just a kid

Los solitarios pasillos del St. Jude eran el lugar más oscuro en el que Derek había estado en su toda su vida. Los dientes le castañeaban de puro terror y las manos le sudaban alrededor del asa de su cartera. Su madre siempre le había dicho que no debía darle miedo la oscuridad, que uno nunca puede tener miedo estando consigo mismo, sintiendo su propia luz… Pero Derek tenía miedo. Llevaba veinte minutos escondido en el retrete abrazándose las piernas y repitiéndose en su cabeza las palabras de su madre, intentando reproducir mentalmente el sonido de su voz. Tenía mucha imaginación, casi era capaz de hacer que sonara exacta… pero nunca lograba que fuera tan bonita como la de verdad, aquella voz en su cabeza no le acariciaba el corazón como lo hacía la de su madre. Y Derek seguía estando aterrado.

Sus ojos de niño se entornaron con fuerza tratando de ver algo mientras caminaba el trayecto entre el cuarto de baño y las escaleras de la escuela para no chocar con la hilera de taquillas. Chocar con las taquillas habría sido algo terrible, la escandalera que armaría alertaría al conserje o quizás a algún profesor que estuviera dando clase en esa planta, le mandarían a dirección y llamarían a su padre. Quizás hasta le expulsarían de la escuela… Derek se replanteó si realmente era tan mala idea chocar con las taquillas. Pero, qué importaba ya estar en el St. Jude… Aunque le echaran nunca volvería a Avalon. Nunca volvería a sentir el sol de su amada California abrasándole la piel, ni la arena acariciando los dedos de sus pies, ni la increíble sensación de deslizarse por una ola mientras el agua le golpeaba en al cara. Nunca volvería a escuchar la voz de su madre. Poco importaba ya estar en el St. Jude…

Derek siguió caminando con sigilo un rato más, levantando la cabeza de vez en cuando para mirar a través del ventanuco de la puerta de algún aula. Todos parecían tan felices, tan normales… El mundo había seguido girando, la gente comía, los niños jugaban, los perros ladraban, la tele emitía su programación habitual, ¡incluso había algún estreno! Su madre había muerto, le había dejado solo y con la vida patas arriba y, aun así, todo lo demás funcionaba perfectamente. Le parecía algo sorprendente. Es duro darte cuenta a los diez años de que el mundo no gira entorno a ti. Derek no era capaz de comprenderlo. ¿Cómo podía ser? ¿Cómo podía haber ocurrido? ¿Cómo era posible que un mes su vida hubiera cambiado tanto y la de los demás tan poco? Tenía sólo diez años. Nadie le pedía que lo comprendiera así que tampoco se molestaban en explicárselo. Y, quizás, esa era la peor parte…

Con las manos aun sudorosas y enredadas sujetando su mochila, Derek llegó por fin a las escaleras y las bajó como una centella. La luz que provenía del portón le cegó y se llevó una mano a la cara, cubriendo ligeramente sus tristes ojos azules. Observó a ambos lados y, sin hacer ni un solo ruido, se esfumó por la puerta de la escuela. Corrió con la espalda encorvada por todo el patio hasta llegar al seto que había escogido como escondite ideal. Llevaba planeando su fuga desde el primer día que había acudido a clase en aquel colegio. Puede que a los diez años no sepas cual es tu lugar en el mundo. Pero Derek sabía que, desde luego, aquel no lo era. A su madre no le habría gustado nada verle allí metido, enfundado en aquel uniforme de niño bien neoyorkino. Ella que le había criado a pecho descubierto, en la playa, en el mar, en la naturaleza, ensañándoselo todo ella misma, no habría estado contenta al verle allí.

No le hizo falta agazaparse demasiado para quedar totalmente cubierto por el seto. Derek era pequeño para tener diez años, delgado, desgarbado y, algo que le acomplejaba, bastante bajito. Su carita era un paraíso. Su madre solía llamarle “mi niño de sueño”. Y es que mirar sus ojos era eso, soñar. No era el color, ni tampoco la forma, ni sus pestañas adornando aquella dulce caída de ojos… Era lo que en ellos se veía y se intuía, la inocencia de niño, la pureza de haberse criado en la naturaleza, la bondad de su madre, la nostalgia del mar y la sospecha de que, quizás, todo aquello no desaparecería de su mirada a pesar de los años. Completaban su rostro unos labios finos y generosos en sonrisas, sonrisas que, desde hacía un mes, salían bastante más caras. La nariz y las mejillas estaban adornadas por un sinfín de pequeñas pecas que el sol había dejado impresas en su piel, como un sello de identidad que marcaba que aquella criatura divina pertenecía al mar, al verano y a la playa en la que se había criado. A su madre le gustaban sus pecas, jugaba a contarlas cada noche cuando le arropaba. Derek sabía que Nueva York acabaría borrando sus pecas, igual que el tono dorado de su piel y el brillo celeste de sus ojos. Exactamente igual que le había pasado a su pelo, una preciosa mata de cabello negro que le llegaba en hondas casi hasta los hombros y que su padre se había empeñado en cortar. Normas del St. Jude. Definitivamente, aquello no le habría gustado nada a su madre.

Tan inmerso estaba Derek en sus pensamientos, que no se dio cuenta del cuerpo que se agazapaba a su lado en el seto hasta que sintió un codazo en las costillas y un par de traviesos ojos azules ofreciéndole un cigarro.

D: No, gracias, no fumo…
M: Más para mí.

Derek contempló patidifuso como el chico se encendía el pitillo con maestría. Tenía el cabello de un tono pajizo y los ojos azules. Era alto y fuerte, algo de lo que Derek sintió envidia al instante, y llevaba el uniforme desacomodado, la camisa por fuera, algún botón desatado, la corbata floja y la americana colgando de la mochila. Le había visto alguna vez en la escuela, estaba en su mismo curso, habían coincidido en clase de Literatura y lo cierto era que, del mes que llevaba Derek en el St. Jude, aquel chico debía haber faltado por lo menos dos semanas.

M: ¿Así que escapándote, no?
D: Eso intento…
M: Pues tienes suerte de que esté yo aquí, tío. Llevo haciéndolo desde tercer grado.
D: ¿En serio?
M: Está chupado, el camión de la comida sale a la misma hora cada día y el señor Atkins está chocho perdido, le daría esquinazo antes de que echara a correr detrás de mí. Así que respira tranqui, colega, que esto es pan comido.

El chico le dio un manotazo amistoso a Derek en la espalda que le hizo perder ligeramente el equilibrio. No se había equivocado al aventurar que era fuerte…

M: Por cierto, me llamo Mark, Mark Sloan.
D: Derek, Derek Maloney.
M: ¿Maloney? En tu cartera dice Shepherd... Sé leer, ¿sabes, tío? – no estaba ofendido, más bien le hizo gracia. A Derek le caía bien, por fin conocía a alguien sencillo, sin doble fondo.
D: Estúpida cartera… Llevo semanas intentando arrancar esa tonta etiqueta… - tiró de la tarjeta plastificada que colgaba de su mochila una vez más sin éxito.

A Derek no le dio tiempo de terminar la frase, Mark le tapó la boca y tiró el cigarro al suelo al oír el ruido de un motor aproximándose a la verja. El chico sintió cómo todos sus músculos se ponían en tensión; nunca antes había ido a la escuela en Avalon, así que aquella era oficialmente la primera vez que hacía pellas en toda su vida. Cuando el portón del colegio se abrió, Derek se aferró a la parte trasera del pantalón de su nuevo amigo y ambos corrieron para ponerse a la par de la camioneta de reparto que se disponía a salir. En verdad, fue más sencillo de lo que pensaba. En menos de cinco minutos ya se habían escabullido y sus pies, enfundados en oscuros zapatos de colegial, corrían libres por las calles del Upper East Side de Nueva York. Había muchas cosas que a su madre no le gustarían de su nueva vida pero, sin duda, el hecho de que viviera y estudiara en aquel lugar era la peor de todas.

Caminaron por la cuidad en silencio. Derek tenía la mirada fija en el suelo y estaba muy concentrado en dar pataditas a todo lo que encontraba a su paso. Antes era muy hablador, su madre siempre había hablado mucho con él así que se había acostumbrado. “No hables si no tienes nada que decir, sé selectivo, pero no te calles cuanto tengas algo en la cabeza. El silencio está sobrevalorado…” le decía ella siempre. Pero desde que le había dejado Derek casi no hablaba, ya no tenía con quien. Mark no parecía molesto, sino interesado en aquel misterioso chico, así que comenzó a preguntar.

M: Entonces… ¿Maloney o Shepherd?
D: Supongo que Shepherd…
M: ¿Supones? ¿Acaso no sabes quien eres?
D: Mi madre era Maloney… vivía con ella en Isla Catalina, en California. Murió hace un mes.
M: Joder, qué marronazo, tío… lo siento. – Mark se paró en seco y volvió a propinarle otro manotazo cariñoso en la espalda. Esta vez Derek estaba preparado y clavó los pies al suelo. - ¿Y qué haces en Nueva York ahora?
D: Estoy con mi padre. Él es Shepherd…
M: Vaya, ¿divorciados? Mis padres también lo están… No te deprimas, tío, en el fondo mola cantidad. Doble de pasta, doble de regalos, doble de consolas… Al tener dos casas lo tienes que tener todo repetido y, encima, como no quieren que te pilles un trauma por su culpa te dan todo lo que pides. ¡Es genial!
D: ¡Mis padres no estaban divorciados! ¡Ella nunca se habría casado con alguien como él!
M: Perdona, tío, no quería ofenderte…

Los ojos de Derek brillaban de rabia. Mark decidió que quizás era mejor seguir caminando en silencio un rato más. Conocía bien Nueva York, pero no tenía ni idea de si Derek sabía a dónde iba o si, por el contrario, caminaba sin rumbo. Se limitó a seguirle.

Derek tenía muy claro a dónde quería ir, lo llevaba planeando semanas, había robado un plano de la ciudad en una oficina de turismo y había trazado su plan de fuga de la escuela con el objetivo de ir al único lugar de todo Nueva York en el que podría sentir a su madre. Caminó decidido, pisando fuerte, enfadado, odiando cada esquina de aquella maldita cuidad que hablaba, respiraba, sonaba y olía como su padre y que le estaba convirtiendo en un Shepherd. Mark le seguía fumándose el segundo cigarrillo de la mañana mientras contemplaba atontado de vez en cuando las piernas de alguna bella desconocida, ajeno a las miradas escandalizadas de la gente que pasaba a su lado.

Ninguno de los dos dijo nada hasta que llegaron a Battery Park, donde Derek paró en seco. Ya podía sentir el olor a mar y el ferry sonando a lo lejos. Por primera vez en muchos días, un amago de sonrisa se dibujó en su cara.

M: ¿Ferrys?
D: Sí. Si no quieres montar lo entiendo, nos vemos mañana en la escuela. – Derek echó a andar sin esperar a Mark.
M: ¡Espera! – le agarró de la manga de la americana y le obligó a mirarle. – Oye, siento de veras lo de antes… Me gustaría acompañarte. Me caes bien… No es que tenga muchos amigos, ¿sabes?
D: Bueno… yo tampoco estoy boyante… - la mirada de Derek se entristeció aun más al pensar que, quizás, nunca había tenido amigos. En Avalon su únicos amigos eran su madre y el mar, nunca había ido a la escuela. Y ya no tenía a ninguno de los dos…

Se miraron a los ojos un segundo y ya estuvo claro. El pacto estaba firmado. La mirada de un niño no miente, no hacía falta estrechar las manos ni darse un abrazo, aquel intercambio de miradas claras y verdaderas era suficiente. Echaron a andar arrastrando sus mochilas, sus uniformes y sus corazones que, quizás, pesaban ya demasiado para tener sólo diez años.

Derek compró el billete del ferry de Staten Island para los dos, y Mark invitó a perritos calientes. Subieron al ferry casi dando saltos de emoción. Se situaron en proa, Derek sólo quería ver el mar, no le interesaban las vistas de Manhattan ni de la Estatua de la Libertad. Por primera vez en muchos días, sentía el pecho henchido de algo que se parecía bastante a la alegría. Su madre tenía razón, daba igual desde qué punto del mundo lo observara, ella siempre estaría con él en el mar. Aspiró el olor salado con fuerza, llenando sus pulmones de ella, de su recuerdo, de su presencia. Se sintió satisfecho, pleno y listo para comenzar a hablar.

D: No conocía a mi padre hasta hace un mes. – Mark no pronunció palabra. Los niños son así de intuitivos, sabía que su amigo sólo necesitaba hablar, no era necesario responder. - Vivía con mi madre, los dos solos en una casita en la playa. Ella me enseñaba... Era algo así como una hippie, ¿sabes? Llegó a Isla Catalina cuando era muy joven y decidió quedarse. Mi madre me decía siempre que no tenía padre, que yo sólo era suyo y del mar.

Derek sacó de la manga de la americana la pulsera de conchas que su madre le había hecho siendo aun un bebé. Por cada recuerdo alegre o momento especial que vivían, ella añadía una concha más. La repasó con un dedo siendo incapaz de recordad cual había sido el motivo de la última concha. Demasiados buenos recuerdos como para rescatar uno en concreto…

D: Creo que aquí soy una especie de secreto… Creo que soy un secreto entre mi padre y mamá. Yo no conozco a nadie, tengo hermanas mayores a las que no conozco, un padre al que no conozco… Pero ellos tampoco me conocen a mí. No sabían que existía. Mi padre vino a buscarme cuando murió mamá y me trajo a Nueva York. En Avalon era un “niño sueño”. Aquí soy un “niño secreto”. Creo que me tuvieron sin querer… Soy un error, un secreto y un error. ¿Tú fuiste buscado, Mark?
M: No lo sé… supongo.
D: Yo fui un accidente. Nunca debí haber nacido porque ahora mi madre está muerta y tengo que vivir en un sitio que no me gusta con gente a la que no quiero.

Derek siguió aspirando el olor del mar mientras el único deseo que le llenaba el corazón era California, que las olas volvieran a romper en la orilla contra sus pies mientras su madre le ayudaba a volar su cometa.

M: Vamos, tu padre no puede ser tan terrible…
D: Lo que conozco de él es terrible. Echo de menos a mi madre y la quiero… pero nunca le perdonaré que estuviera con él. Es todo lo contrario… todo lo contrario a todo.

Derek no era capaz de expresarlo mejor y es que aquel hombre era, sencillamente, todo lo contrario a lo que él había conocido y aprendido con su madre. Si ella era dulce, él era arisco; si ella era alegre, él era malencarado; si ella era liberal, él era un reprimido… El día y la noche. Derek no podía comprenderlo.

M: ¿Cómo se llama tu padre?
D: Christopher, Christopher Shepherd…
M: ¡JODER! – Mark se atragantó con el perrito caliente y Derek le palmeó la espalda sorprendido. – Tío, tu viejo está podrido… Y mira que mis viejos tienen pasta ¡eh!
D: Eso tengo entendido…
M: ¿Eso tienes entendido? Tío, ¡tu padre es el dueño del banco más potente del estado! – Mark parecía entusiasmado.
D: Creo que me está entrenando…
M: ¿Entrenando?
D: Sí, me está amaestrando para que cuando sea mayor me convierta en un señor con traje que lleva un banco. Igual que él. Por eso el St. Jude. Por eso el corte de pelo. Y por eso me quitó mi tabla de surf…
M: ¿Surf?
D: Sí… lo hacía en Avalon, mamá me enseñó. – Derek se sonrió recordando sus primeras lecciones a los tres años. – Pero ahora lo tengo prohibido…
M: Vaya… lo siento.

El silencio volvió a hacerse entre los dos amigos. Derek se subió a la barandilla del ferry y cerró los ojos. Aspiró el olor del mar y del viento que le golpeaba el oscuro flequillo y dejó que el frío se le metiera en el cuerpo.

M: ¿Por qué hemos venido aquí, Derek?
D: Mamá me leyó un poema… fue poco antes de morir. Creo que sabía que esto pasaría. – Miró a su amigo a los ojos intentando contener unas lágrimas que le escocían en los ojos. – “Éramos muy jóvenes, nos sentíamos muy felices y paseamos toda la noche, de un lado a otro, en el ferry.” Ella siempre decía que el mar nos unía a todos, que daba igual dónde estuviera yo, porque siempre estaríamos juntos en el mar. Ella debía conocer este sitio... Creo quería que viniera aquí, que montara en este ferry y que no estuviera triste.
M: ¿Y lo ha conseguido?
D: Sigo estando triste… pero supongo que ella también lo está, aunque esté aquí conmigo, en el mar.

La presencia de su madre le llenaba el pecho cada vez que respiraba aquel aire frío y salado. Sabía que algún día, aunque fuera dentro de mucho tiempo, lograría escapar de esa cárcel de cristal que su padre le estaba construyendo. Su piel perdería el dorado del sol, sus ojos se volverían tristes, sus sonrisas serían cada vez más escasas y el recuerdo de su madre se iría apagando. Pero él sabía que, algún día, volvería a Avalon y el sol californiano le devolvería todo lo que Nueva York ya había comenzado a robarle

M: ¿Der?
D: ¿Qué?
M: ¿Cómo era su nombre? El de tu madre…

Hacía ya un mes que nadie le hacía esa pregunta. En aquella cuidad triste y gris parecía que nadie quería escuchar la historia de aquel extraño niño que había crecido en una playa con la sola presencia de su madre y el murmullo de las olas rompiendo en la orilla. Volvió a repasar la pulsera de conchas con la yema del dedo índice y, sin poder evitar que se le apretara el corazón, susurró el nombre de la mujer que se lo había dado todo después de un mes sin atreverse siquiera a formularlo en su mente.

D: Meredith… Meredith Maloney.

El viento azotaba con fuerza su cabello y, de vez en cuando, una gota salada le salpicaba la cara y le permitía saborear sus recuerdos cargados de salitre. Deseó volver a ser el “niño sueño”, tener su cometa, amarrársela a la cintura y volar con ella hasta su amada California, dejando atrás aquel mes plagado de malos recuerdos que jamás tendrían cabida en su pulsera de conchas. Pero a pesar de tener sólo diez años, Derek sabía que aquello no era posible. Su madre había muerto y un niño no puede estar solo, eso no tenía remedio. Y cuando algo no tiene remedio, hay que fastidiarse.

I'm just a kid and life is a nightmare
I'm just a kid, I know that its not fair
Nobody cares, cause I'm alone and the world is
Having more fun than me
Tonight...



---------------------------------------------------------------------------------------------------

La autora del poema que menciona Derek en el ferry es Edna Saint Vincent Millay, se llama Recuerdo :wub:
"Y cuando algo no tiene remedio, hay que fastidiarse". Esta genialidad de frase se la he robado a Annie Proulx, de Brokeback Mountain :wub:
¡Oh! Y el nombre del cole St. Jude, sacado de Gossip Girl xDDD. No descarto que aparezca algún personaje de la serie en breve xDDD.

Éste es Derek:

user posted image

Y éste es Mark:

user posted image

Y esto es Avalon, en la isla de Santa Catalina (California):

user posted image

:ojitos: :ojitos: :ojitos:

isalaloka - June 8, 2008 01:10 AM (GMT)
madre miaaa!!! :ojitos: genial Inés!!! :hug: me ha encantao!!! que lindos de pequeñitos y pactando ya su amistad... y el nombre de su madre....ains y la pasión que tiene por los ferrys y el mar que le recuerda a ella... que bonitoooooo :ojitos: :snif: :snif:
ahh y las fotos mu wenas jajaja el parecido se las trae :D

Me encanta un fic veraniego y con merder juvenil es lo que nos hace falta para este verano!! :yuju: :yuju:

;) sigueloo pronto porfisssss

merder_85 - June 8, 2008 08:18 AM (GMT)
Un Cola-Cao, tostadas y el Derek surfero...hay mejor forma de empezar el dia???????????? :ojitos: :ojitos: :ojitos: :ojitos: :ojitos:

pero que niño mas guapisisisissisisimoooooooo :babas: :babas:
*merder_85 quiere unooooooooo :juas:

quiero conocer a Mer !!! :jump:

ANAINGE - June 8, 2008 08:48 AM (GMT)
Precioso! Muy tierno!

Me encanta como reflejas la personalidad de ambos... Por lo que les conocemos de adultos, seguro que de críos se parecerían mucho a como tú los reflejas.

Estaba esperandote con ansiedad!


( Iba a decir "como agua de Mayo" pero aquí el agua de Mayo ha causado estragos y sigue lloviendo...)

:hug:

akhesa - June 8, 2008 08:57 AM (GMT)
Muy bonito :wub: :wub:

Me gusta la relación que han tenido desde que se han conocido Derek y Mark


Pepa - June 8, 2008 08:59 AM (GMT)
Una idea genial! Qué majos los dos de críos :wub:

Khisanth - June 8, 2008 10:30 AM (GMT)
enamorada de Mark y Derek con 10 años :wub: :wub: :wub:
Precioso Ines :ojitos:

FEIJOO - June 8, 2008 10:40 AM (GMT)
Me gusta, espero la continuación prontito. Los crios son una preciosidad :wub:

rocky - June 8, 2008 11:12 AM (GMT)
muy bien Ines esta genial, verles de canis es :ojitos: :ojitos:

anatomiadicta - June 8, 2008 03:10 PM (GMT)
Me ha encantado Inés!! :wub: Pero me ha dado mucha pena Derek... pobrecito, con solo diez añitos... :snif: Y su mami que se llamaba Meredith :ojitos: :ojitos:

lorelaila - June 10, 2008 10:07 PM (GMT)
derek es tan achuchable................. :wub: :wub: y habilidoso...........con las olas :D :P

Da merek - June 15, 2008 12:14 PM (GMT)
es muy bonitooo. q penita me da derek
:snif:




Hosted for free by InvisionFree