Title: Capital News
HULK - July 30, 2009 03:53 PM (GMT)
mi aporte....
Qué pasa en Argentina para que las energéticas quieran salir corriendo por temor al colapso
El intervencionismo, los representantes estatales en sus Juntas, el control de las tarifas, la carga impositiva y las restricciones sorpresa las ahogan en un modelo energético fallido
Los Kirchner buscan torniquetes de urgencia para evitar la fuga tras Chevron y conjurar los recelos de las empresas tras los argumentos de YPF
Ana Zarzuela.- Estira otra falange de su mano de hierro. O, al menos, Cristina Fernández hace el gesto, ahora que han tirado por la borda de la economía al ministro Fernández a cambio de Bodou -el ‘fontanero’ de la estatalización de las pensiones-. Del tango arrebatado a la milonga del paso a dos, intenta despejar las amenazas de Chevron y el descontento de Repsol y Petrobras y adorna su derrota electoral con nuevas ofrendas de paz para las energéticas. A las puertas del invierno austral, no quiere desatar más choques con los grandes de un sector que le enciende de nuevo las luces rojas. Pero ni la mano abierta a las tarifas revisadas del gas y la luz aprobadas hace meses -las que congeló para la galería electoral- ni la desgravación por inversión en hidrocarburos sirven de bálsamo. El empeño en deshacer las amenazas con órdenes contrarias a las de junio, como permitir repartir dividendos a Edesur y cobrar 60 millones de deuda a Edenorte, no opacan la huella del intervencionismo. La Casa Rosada estrecha el cerco de la regulación, se lo pone difícil a las exportaciones y no atiende, tarifas en mano, a los costes. Sin el reajuste prometido, Metrogas rozará la suspensión del pago de deuda. Las alertas de Techint y de YPF ante la SEC llueven sobre mojado en las alarmas que acababa de encender el informe de ocho ex ministros de Energía argentinos, reunidos para recordarle a los Kirchner que su modelo está al borde del colapso.
La dependencia del gas foráneo y el final de las exportaciones de GNL a Chile, el descenso de la explotación de crudo, la renuncia a las infraestructuras regionales que soñó y los recortes eléctricos acotan un nuevo ‘corralito’ con las empresas como víctimas y con las tarifas, las limitaciones a las exportaciones de energía, o los muros del pago de dividendo como verjas del laberinto. Las multinacionales se resguardan y diversifican, en aliados y en proyectos: el petróleo de Uruguay y Brasil, el GNL de Chile y hasta los hidrocarburos de Bolivia y la eólica de Perú quedan más cerca con la bandera de la argentinidad.
Ni el atractivo de unas reservas que se han dejado caer, ni las concesiones de unas provincias petroleras que disputan tasas y regalías con la Casa Rosada y han visto cómo la explotación y exploración de hidrocarburos se reduce son suficientes para compensar la pérdida de las ‘reservas de la confianza’ de las multinacionales en la ‘energía’ de Argentina. Los Kirchner les han recordado, a sangre y fuego, el peso del marco regulador y de la huella del intervencionismo. Lo saben los de Antoni Brufau, gracias al 85% de Repsol en YPF. Se lo han cantado a los cuatro vientos de la SEC: las brasileñas AESU y Sulgas le reclaman a YPF 756 millones de euros por daños y perjuicios derivados de un corte de gas que, en todo caso, fue impuesto por ley por Argentina como parte de la política de Estado de la Casa Rosada. Y Metrogas -controlada por la británica BG pero en la que Repsol tiene un 45% del capital- trata de esquivar el desfiladero de la suspensión de pagos a la que, una y otra vez, la empuja el inmovilismo de los Kirchner: desde 2002, la mayor distribuidora de gas del país no ha conseguido que Néstor Kirchner primero y Cristina Fernández después, le permitan aplicar las subidas aprobadas. Lo avisa Repsol: aunque a diciembre de 2008 la inversión de YPF en Metrogas fue provisionada, si en el segundo semestre de 2009 no se descongela la tarifa, dejará a la empresa al borde de la suspensión de los pagos de la deuda. En seis años, las autoridades argentinas ni siquiera fueron capaces de agilizar el visto bueno administrativo para que Marathon y Ashmore consumaran un acuerdo de canje accionarial con Repsol y BG; menos aún de indemnizar a BG con los 65 millones de euros que exigió la justicia internacional. A la Casa Rosada le ha pesado más la denuncia ante la Comisión de Naciones Unidas para el para el Derecho Mercantil Internacional, que falló a su favor en 2007.
Gas Natural se blinda en su mayoría, su ‘argentinidad’, las tarifas y los resultados. YPF no oculta ya que ni la ‘argentinización’ preventiva de YPF, ni la presencia del Grupo Petersen -con un 14, 9% y opción preferente a otro 10% que no ha ejercido- han sido suficiente vacuna ante los ‘daños colaterales’ del ‘efecto Kirchner. Ni siquiera la sintonía de Enrique Eskenazi con el matrimonio justicialista ha sobrevivido intacta a los seísmos energéticos y empresariales de Cristina Fernández. Con o sin nuevos aliados a bordo, amansa sus caballos en Argentina: busca la cara de la refinación y afianza la tierra del tango como palanca de su diversificación regional. Endesa peina la calma -y los resultados- y digiere las compensaciones tras la marcha atrás de los Kirchner en el frustrado ‘affaire’Edesur.
DE AMENAZA EN AMENAZA
Ni Edesur- aunque ya superó el bloqueo a sus dividendos- ni Petrobras, ni Metrogas están solas ante un aviso para navegantes a la patronal, que se resiste a las ‘vacunas’ oficiales. Respiran por las mismas heridas que han llevado a la Casa Rosada a imponer directivos en las empresas participadas por la Anses, a pelearle los dividendos a Techint, o a transferirle a la Secretaría de Comercio Interior unas nuevas riendas del mercado de las tarjetas de crédito. Pero el tambor de las amenazas hace eco con más fuerza en el sector energético: en el del gas, el Gobierno extrajo a un millón de clientes de las nuevas tarifas. El cese de pagos le ha abierto las puertas de la Casa Rosada a TGN, que volvió a postergar hasta el 5 de agosto el plazo para reestructurar su deuda. Sólo el fallo judicial en abril devolvió al congelador de manera temporal la nacionalización de la Transportadora de Gas del Norte), a la que las autoridades le pisan los talones -y las ganas- desde que en diciembre la intervinieron por 120 días tras una cesación de pagos. Ni las promesas de reestructuración de pasivos por parte de la empresa ni los recelos manifiestos de la Cámara Nacional de Apelaciones apuntan a parar los tanques del Estado. En la electricidad, busca rentabilidad en la guerra con las eléctricas y el repudio al ‘tarifazo’ que apadrinó. Pero ni siquiera las manipuladas estadísticas oficiales disimulan la situación. La demanda eléctrica se ha reducido, incluso según el Indec. Ni siquiera ocurrió en la recesión del efecto tequila, con una caída de cuatro puntos del PBI.
Se lo han dicho, claro y alto y en foros ajenos Techint -TGN- e YPF: las distorsiones entre los precios locales y los internacionales, el abrazo argentino a los subsidios, los cortes de energía ordenados por el Ejecutivo al tejido industrial, la inflación, la flotación administrativa del peso, las barreras regulatorias y los altos impuestos a la exportación son las señales de humo del fuego de la crisis energética con la que coquetea ya el país. Las exigencias más estrictas de abastecimiento de las estaciones de servicio, y la importación de fuel a precios internacionales para satisfacer la demanda local “a precios locales significativamente más bajos” les quitan oxígeno a la operación de las multinacionales energéticas. Repsol fue forzada más de una vez a renegociar los contratos de exportaciones con previa autorización del gobierno. No pueden asegurar que puedan ser renegociados en términos favorables y menos aún que la carga fiscal no aumente a medio plazo. El sector petroquímico perdió atractivo para las compañías extranjeras cuando Néstor Kirchner fijó el precio máximo por barril que obtienen las petroleras y, de esa manera, restringió las ganancias corporativas. Y las líneas rojas del suministro gasista encadenan los cortes en las plantas de generación eléctrica.
MODELO ENERGÉTICO EN ALERTA
No son los ocho ex secretarios de Energía los únicos que advierten a la Casa Rosada: “Argentina tiene un presente decadente en materia productiva y un futuro incierto". Si no hay inversiones en generación y transporte de energía, no será sólo la rentabilidad de las multinacionales y el abastecimiento los que estén en peligro. La producción de crudo disminuye desde 1998 encaminando al país a la importación y las reservas comprobadas disminuyen tanto en petróleo como en gas natural, sin que se hayan descubierto nuevos yacimientos de tamaño significativo en los últimos 15 años. La política de subsidios a los hidrocarburos impuesta desde el gobierno nacional, que comenzó a importar combustibles caros como el fuel oil y el GNL, contribuyó a que se liquidaran las reservas hidrocarburíferas y disminuyeran las inversiones de las compañías para encontrar nuevos yacimientos: mientras entre 1999 y 2001 se perforaron 48 pozos, en los últimos dos años la cifra no llega ni a la mitad y sólo hay reservas para 11 años.
Las reservas de gas se han reducido un 43% desde el 2000. Ni la caída del consumo por la reducción de la actividad industrial ni los esfuerzos de Cristina Fernández por fortalecer los lazos del gas y del petróleo con Hugo Chávez a cambio de carne argentina han aminorado el impacto de las zozobras bolivarianas: Bolivia ha reducido sus envíos a la mitad que hace un año (tan sólo un tercio de los 5 millones diarios acordados) y a la planta regasificadora que se prometían Venezuela y los Kirchner ni está ni se la espera, ha corrido la misma suerte que el complejo entre Pdvsa y la estatal argentina Enarsa en la Faja del Orinoco. Santiago, Buenos Aires y Sao Paulo han descartado el anillo de gasoductos regionales con el que soñaron los Kirchner y Alan García. Hasta Lula –con una inversión de 7.000 millones de dólares en plantas gasistas- ha entendido que por las venas energéticas del sur no correrá el gas de Argentina. Es el único vértice huérfano del triángulo de las Bermudas energéticas del cono sur abocado a importar GNL y a depender de sus vecinos, ahora que Uruguay se prepara para instalar una nueva planta de gas natural licuado en Montevideo y que Chile acaba de estrenar la regasificadora de Quintero y comenzará en diciembre a operar la de Mejillones y que – por primera vez- ya no necesita más el gas de los Kirchner. Serán los envíos de Trinidad y Tobago -más seguros y un 50% menos costosos- los que nutran las urgencias chilenas. Y los que permitan a la mano de Repsol en Metrogas y a Endesa (a través de su filial local) diversificar gracias a las grietas energéticas de la Casa Rosada. A medio plazo, serán también los padrinos del tratamiento de choque gasista argentino.
ESTRECHA EL LABERINTO DEL INTERVENCIONISMO
Ni la limitación del voto al 5%, ni la imposibilidad de sumar acciones individuales de las AFJP y la incapacidad estatal -teórica- para nombrar directores han alterado los planes de la Casa Rosada por el atajo de las AFPJ. Los Kirchner se encapricharon, para empezar, del gas y la electricidad, con la llave de la regulación de los sectores estratégicos en una mano y la avidez por el control de las grandes compañías en la otra: han desembarcado en las juntas directivas de Camuzzi Pampeana y Gas Cuyana y han colocado a Simón Dasensich en la Junta de en Endesa Costanera y al sindicalista Bassi en la de Gas Natural Ban y han aterrizado con directivos y síndicos en Siderar, Edenor y EMDERSA, entre casi otra veintena.
Pero los tentáculos de las AFPJ ya le saben a poco a Cristina Fernández. Levanta los baldosines propios y ajenos, en busca de liquidez y actos de fe para inversiones futuras. Por eso hizo hace un mes de Edesur la última de las ‘piezas’ de un safari empresarial en el que busca demostraciones de control y promesas de inversiones sobrevenidas. El amago de emboscada a la participada por Endesa fue sólo ‘una mancha más para el tigre’, no fue muy diferente a lo que ejecutaron en 2008 con Edelap: a Edesur le exigían reinvertir el 50% de los 53 millones de divisas de dividendos para repartir el resto. A Camuzzi (62 millones de pesos), TGS (30 millones), Gas Natural (6 millones) y Distribuidora de Gas Cuyana (8,5 millones) la luz verde al reparto de dividendos entre sus accionistas ya les costó antes de las elecciones una concreción al alza de las inversiones previstas.
Con la temporada alta la casa Rosada y el Enre (Ente Regulador de Energía Eléctrica) sangran por las heridas del recuerdo del desabastecimiento. Agobiado por el peso de los subsidios, el Gobierno descongeló a fines de 2008 las tarifas de luz y gas para los hogares residenciales. Pero menos de un año después, le fallaban las cuentas del populismo. La marcha atrás en su plan de reajuste tarifario y la exclusión de un millón de nuevos hogares (otros 300.000 habían sido ‘tocados por la mano de Kirchner en abril) compensaron la denuncia del Defensor del Pueblo y taponaron en junio el reclamo de inconstitucionalidad. Pero ahora necesita nutrir las arcas del Estado y ajustar el sudoku del déficit energético. Ha empezado a hacerlo con el señuelo’ de Endesa y Petrobras.
A la brasileña -la segunda energética del país- le ha permitido ser la única de las grandes que ha hecho valer su repudio a los apellidos del enviado de los Kirchner, con el estandarte de las AFJP -que ostenta un 15,32% de las acciones de la brasileña- a su Junta Directiva. A Edesur, Edenor y Edelap, intenta compensarles ahora con la luz verde -tras dos años de demora- para cobrar la deuda de 60 millones de dólares por el servicio eléctrico a las villas (barriadas) y los asentamientos del Gran Buenos Aires, a los que suministran sin cortes por impago, como una ‘obligación social’ con la Casa Rosada. El gobierno acaba de hacer un ‘guiño’ fiscal a las petroleras: tan sólo uno días después de que YPF anunciara su inversión de 348 millones de dólares (suficiente para que el país mejore en un 18% la refinación y la producción de naftas) decidía incluir la construcción de las plantas refinadoras en el Programa de beneficios impositivos. Los aumentos tarifarios desde este mes dan oxígeno a TGS y a Camuzzi Gas Campeana. Sólo tras las elecciones las estaciones de servicio han podido incrementar un 5% el gasoil y la nafta. Pero la Casa Rosada sigue enseñando los galones del intervencionismo: ha dejado claro con el antecedente de la papelera Massuh y Quilmas que el medio centenar de fábricas y empresas que quedaron a cargo del Estado por quiebras sólo pagarán su consumo energético -si llega el caso- en especie.
REPSOL Y GAS NATURAL, A CUBIERTO
Como al resto, a YPF cada vez le resulta más rentable la venta de derivados, la reducción de compras a otras petroleras locales que los riesgos de la exploración y la explotación: ha reducido su participación en la producción de petróleo a un 35% del total, cuando en los noventa representaba el 43%. Brufau protege sus almenas australes, lo justo para hacer de ellas un granero para la diversificación regional, más ahora que los resultados del primer trimestre del año comenzaron, por primera vez, a dejar sitio a la sombra del descenso de beneficios netos: un 58,6% menos que en igual período de 2008. De hecho, aunque anunció en 2008 que pretende destinar al país austral una cuarta parte de las inversiones previstas en su plan estratégico 2008-2012 -unos 7.950 millones de euros de un total de 33.350 millones-, ninguno de los 10 “proyectos clave” para el periodo se ubica allí. A la vista de los vecinos, puede aguantar.
Una postura que, incluso si el ´default´ llega a las tierras del tango, le permitiría pasar a resguardo la tormenta y seguir esperando. Con, o sin nuevos socios. A la vista de ese horizonte, Repsol se refuerza en Perú, es uno de los principales operadores del sector, con de más de 230 estaciones de servicio distribuida en casi todo el país, dueño de la Refinería de La Pampilla, la instalación de refino más importante y líder en el mercado de GLP; Reacomoda sus alfiles en Brasil, los pone bajo cubierto en Ecuador y Bolivia y hasta se atreve con las primeras licitaciones para la exploración en la plataforma continental uruguaya, de la mano de la estatal Ancap. Todo con tal de reducir riesgos, diversificar la producción y reponerse de la pérdida de reservas latinoamericanas -un 25% en dos años.
Gas Natural se salvaguarda. La presencia del enviado estatal en GN Ban llegó en abril, para los de Salvador Gabarró. Pero con el 50,4% de las acciones en las riendas de la española, ni el control ni la estrategia se cuestionan. Y eso no tiene capacidad de erosionarlo el Gobierno argentino al que, hasta ahora, la compañía presidida por Salvador Gabarró -presente en Argentina desde 1992, con cerca de 1.380.000 clientes y responsable de la distribución de gas natural en la provincia de Buenos Aires Norte- ha sabido encontrarle el ritmo y despejar el camino a revisiones tarifarias en 2007 y septiembre de 2008 y un contrato prorrogado hasta 2027. Para Gas Natural, la respuesta pasaba por la ‘argentinización’ que a Antoni Brufau le funcionó con Eskenazi en YPF. La venta del 19,6% de Gas Natural BAN el pasado trimestre le ha permitido hacerse con un tentetieso argentino ahora que el Estado desembarca en la gasista por la puerta de las pensiones y responder al desafío de Gazprom en la construcción del Gasoducto del Noreste. Ahora promete no levantar el acelerador de las inversiones, pero mira a México y Brasil y mueve sus fichas argentinas para diversificar y rebajar la exposición a los vaivenes de los Kirchner. Paradojas del peronismo, las AFJP pueden ser la ofrenda de paz de la Casa Rosada: hasta ahora, debían destinar un 5% a sectores productivos; si quieren, los Kirchner le pueden poner el apellido de YPF o de Gas Natural Ban y abrirles además a Gabarró y Brufau el acceso a los planes de producción industrial e infraestructuras energéticas
HULK - July 30, 2009 03:54 PM (GMT)
Tras "dilapidar" las pensiones, los Kirchner se quedan sin cajas que sacudir para evitar el default en tres meses
Ahora que se ‘bebieron’ la liquidez de la Anses, presionan al sistema financiero, cambiarán la contabilidad del Banco Central, agotan los canjes de divisas con sus aliados y posponen pagos
La Casa Rosada valora soltar algunas participaciones empresariales nacionales de los fondos de pensiones nacionalizados
Ana Zarzuela.- Regresan a un futuro en el que, de nuevo, huele a 2001. No les llega la camisa al cuello de la deuda. Las aseguradoras, con Standard and Poor's en cabeza, sólo le dan hasta 2010 para caer al barranco del default si no corrige rumbo. Sólo los fondos públicos lo conjuran, lo reconoce hasta el ministro Bodou. El zigurat de sus piruetas sólo trata de retrasar un fantasma al que los analistas, las agencias de calificación (con Standard & Poor's en cabeza), los mercados (con el precio de los bonos cercanos al default) y todos los acreedores de la Casa Rosada ya le han puesto fecha: comenzará a rondar los muros del Estado argentino dentro de tres meses. Los Kirchner apuran tratamientos. Maquillan el Indec, pero no aceptan el padrinazgo del FMI. El nuevo ministro de Economía, Amado Bodou, mira a las ‘cajas’ hasta ahora intocadas y pasa su mano por las últimas telarañas de las ya exprimidas: la Administración Nacional de la Seguridad Social (Anses)- que Bodou dirigía hasta ahora- le ha dado 7.300 millones de dólares a las arcas públicas en lo que va de año y acaba de suscribir letras del Tesoro por 1.500 millones de dólares, pero al principal financiador de los Kirchner le tiemblan ya las piernas de la liquidez. Será insuficiente para encarar los 20.000 millones pendientes para los primeros compases de 2010 ante la salida de capitales, la recesión prevista en un 3% y la debilidad del músculo fiscal, por primera vez en seis años en déficit.
Irritan al Banco Central y se arriesgan a estirar las costuras de su contabilidad para forzar el trasvase de liquidez al Tesoro; mendigan a las puertas de Hugo Chávez, preparan los canjes de divisas de emergencia con Brasil y China; comienzan a forzar la morosidad de sus proveedores -Pdvsa para empezar no verá los 800 millones de dólares que le deben-; enfadan a los grandes bancos con su amenaza de una megatasa financiera y la emisión ‘voluntaria’ de bonos bancarios. Y hasta han comenzado ya a buscar la liquidez bajo el colchón de la Anses: repatría ya las inversiones de EEUU, estudia desinversiones y busca qué activos vender en Argentina para tener acceso a parte de los 7.500 millones de dólares que calcula en esas participaciones.
No es casualidad que, sobre la mesa del ministro Bodou, sus asesores le hayan recordado que sólo la venta de la participación de Telecom y Tenaris le permitiría ingresar a las arcas del Tesoro al menos 2.500 millones de dólares. Y si hace falta, la Casa Rosada busca -advierte Barclays- nuevas fórmulas de reproducir la inyección de la nacionalización de las pensiones para saciar su sed de liquidez., aunque sea lanzando globos sonda en los corrillos bonaerenses: para empezar, ése que jura que ya le han puesto los ojos a varias energéticas para poder volver a tocar de cerca y a dos manos su liquidez. Asume ya sus efectos secundarios: la restricción a las importaciones ahoga la industria y enfada a sus vecinos, la fuga de capitales, desabastece a la industria y deja a los bancos en brazos de sus bonos; las empresas hace un año que no emiten acciones. Y hasta la Anses le recuerda que ya está en rojos, duplicó su déficit en dos trimestres y no da para mucho más, ahora que las nuevas reglas de movilidad le el suelo de su caja tonta.
A CONTRARELOJ
Les pone fecha, alto y claro, Standard and Poors, con la misma letra con la que pronosticó las quiebras de General Mostors y Chrysler: a los Kirchner “les queda poco tiempo”. “Si no corrigen su política económica” la tierra del tango desembocará de nuevo en la cesación de pagos en 2010; ni la emisión de nueva deuda en los próximos trimestres ni el rebaño de las últimas migajas de la Anses serán ya suficientes para contener la vía de agua de la fuga de capitales, la tormenta de la caída de las reservas oficiales y de los flujos de ingresos: si no llueve en latitudes argentinas la financiación externa antes de tres meses, dará con sus huesos en la reedición del default. Si hasta ahora necesitaba 6.500 millones de dólares anuales pasa salvar las urgencias de su financiamiento, en 2010, sólo el vencimiento de deuda tendrá que enfrentar 20.000 millones, en un país que se aleja del horizonte de un superávit comercial de 15.300 millones y en el que la salida de capitales, la debilidad del músculo fiscal, la recesión prevista en un 3% para 2010 y ya huelen a 2001.
Argentina, después de seis años consecutivos de superávit ha acabado con sus cuentas fiscales en rojo y pese al auxilio fiscal de la Anses y la distribución de ganancias del BCRA en el primer simestre, el superávit primario cayó en 13.000 millones de dólares. Pero la Casa Rosada sólo tiene ojos para el consuelo de Morgan Stanley: a pesar del déficit fiscal en 2010 de casi el 1% del PIB, sus ‘juegos de manos’ le permitirán pagar, aunque no a medo plazo, más allá de los 18 meses. Y sigue la bitácora inversa a las recomendaciones. Nada de reducir gasto público, nada de recuperar acceso a los mercados voluntarios, menos aún, un acuerdo con el FMI que permita salvar la brecha de 2010. Camina por el desfiladero del riesgo, sin las pértigas de la Anses, ni los paracaídas de la emisión de bonos, o los parches de ayuda brasileña y venezolana. Cada vez más cerca de las aguas del default. Hasta el Banco Central le recuerda que si no regresa a los mercados y genera un mayor superávit, puede tener problemas para cubrir los servicios de deuda y otras necesidades de financiamiento más allá de 2010.
Ya han comenzado a intentar barrer bajo la alfombra de la diplomacia las luces rojas de sus impagos: la Casa Rosada le ha pedido clemencia a Hugo Chávez, no tiene cómo pagar los más de 800 millones de dólares de deuda atrasada con Petróleos de Venezuela (Pdvsa) por el fuel y el gasoil con el que alimenta sus centrales termoeléctricas, menos aún de hacerlo en efectivo y con prisas, ahora que Caracas ha comenzado a poner la mano de sus propias urgencias y está dispuesta a dejarla a dos velas en pleno invierno austral, si no canjea, al menos un primer pago de 12 millones de dólares como señal. La Casa Rosada renegocia ya otra ‘patada hacia adelante’ con el Palacio de Miraflores: ya en mayo acordaron subir los intereses del 2 al 6% anual a cambio de la paciencia venezolana. Todo con tal de no romper la sintonía con el mejor ‘padrino’ de sus emisiones de bonos. Pero ni la nueva ‘cara’del Indec, ni los esfuerzos de Bodou por desandar el camino de los bonos públicos ligados a la inflación -CER- ocultan que, por más que el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos reconozca un 2,7% de alza de la inflación en el primer semestre, las consultoras privadas multiplican por tres un valor al que sigue ligado el 42% de los bonos de la deuda soberana argentina, más de 140.000 millones de dólares.
No quiere oír nada más. Dicen los muros de Palacio que la presidenta se deprime y ha prohibido que le cuenten las miserias del perfil de su deuda y los riesgos de sus finanzas. A Carlos Fernández la sinceridad le costó la cabeza. Varios ministros hacen llegar sus temores a los analistas independientes y bajo la mesa del nuevo titular de Economía, Amado Bodou: la liquidez de la Anses y los depósitos públicos en la banca oficial serán sólo un ‘aperitivo’, aún si consigue salvar el último trimestre, la prueba del nueve vendrá después. Los Kirchner cambian de cara al Ministerio, le lava la fachada -y los asesores al Indec- pero Bodou ha dejado claro que la bitácora sigue siendo la de la ‘senda K’, aunque el efecto postelectoral, la contracción fiscal, la huida de capitales-2.000 millones de dólares al mes-, la caída de las importaciones y la actividad industrial, la orfandad de inversiones, la recesión económica -que hasta el Indec comienza a descontar para 2010- y la sequía del surtidor de sus recursos públicos -la Anses y el Banco Central- le estrechen el camino aún más.
En los últimos cinco años ha esquivado la laguna del default con las pértigas de los bonos que colocó en Venezuela, las inyecciones de liquidez del sector público y el bálsamo de su balanza comercial. Ahora, con los mercados voluntarios de crédito aún cerrados, su capacidad financiera bebe de una recaudación fiscal en caída y al superávit comercial y se prepara para echar mano del Banco Nación y otros organismos públicos, de algunas ayudas del BID y abrir con más intensidad el grifo del Banco Central -en contra de las advertencias de su propio presidente Martín Redrado- e intenta apretarle las últimas tuercas de la liquidez al sistema financiero: a la vista del enfado del tejido bancario argentino han vuelto a meterlas al congelador, pero Bodou y Echegaray no ocultan que sólo buscan una oportunidad para imponer un impuesto a la renta financiera sobre todos los instrumentos–aún a riesgo de subir más las tasas de interés, retraer el crédito y aumentar la fuga de capitales- y un bono sobre los recursos en poder de los bancos -probablemente sus depósitos en dólares- como el que ya fracasó con Domingo Cavallo justo en 2001. Martín Redrado aceptó comprarle bonos a la Anses, que deposita luego los fondos en el Banco Nación, pero eso es todo: no quiere que Economía se apropie de la liquidez de los bancos.
En las entidades financieras suponen que, como poco, el Gobierno intentará una colocación ‘voluntaria’ de bonos al 10% en dólares, pero los banqueros prefieren incluso seguir con su dinero en títulos que cotizan ya a precio de default. Los Kirchner apuntan de nuevo con los cañones de Hacienda a la contabilidad del Banco Central para financiarse: no se conforman ya con sus reservas, propondrán evaluarlas contando con el retorno obtenido por la depreciación del peso frente al dólar para poder trasvasar más liquidez a las arcas del Tesoro. Al ministro Bodou sólo le queda hacer valer el acuerdo con China para el intercambio de divisas en caso de emergencia por 10.000 millones de dólares y acelerar otro similar con Brasil por 1.800 millones -si el enfado de Lula por el proteccionismo de los Kirchner lo permite- . Los acuerdos sociales que los Kirchner cocinan cargarán aún más las espaldas del Tesoro. Ya han comenzado a barrer debajo de la alfombra: si los planes de los Kirchner salen adelante, incorporarán el déficit de Aerolíneas Argentinas al presupuesto de 2010 como gasto social. La negociación con el campo para las retenciones a la exportación agravará en al menos 3.200 millones de dólares el costo fiscal, un acuerdo con los gobernadores por el impuesto al cheque al menos otros 5.000 millones de dólares por año y las nuevas políticas sociales comprometidas por la Casa Rosada para avalar el bautizo de Bodou, al menos otros 10.000 millones.
SE LES VACÍA LA ‘CAJA FUERTE’
Sacude las últimas telarañas de sus ‘cajas de caudales’. La Anses, el salvavidas del sudoku de su déficit y de la orfandad de las inversiones institucionales que antes hacía la AFJP-, grandes compradoras de títulos y los principales inversores en las suscripciones de acciones-, no podrá seguir siéndolo ya más, no al menos por mucho tiempo: ha duplicado sus cargas y finalizó junio con un rojo de $ 1.460 millones, gracias a unos gastos de 10.170 millones. De sus recursos adicionales, sólo el 60% se destinó a las prestaciones, el resto fue a financiar el gasto corriente y de capital de la Casa Rosada. Si no hubiera sido por los 6.000 millones de dólares adicionales que Amado Bodou vio sobre la mesa de la Anses en 2008, ya tendría un déficit de 3.000 millones de dólares. Del total de 80.000 millones heredados del ahorro de las administraciones privadas, 60.000 están ya en títulos públicos, préstamos garantizados y Letras de Tesorería y 7.500 millones de dólares corresponden a acciones de empresas locales, tampoco de disponibilidad inmediata. Además, desde septiembre habrá que financiar el aumento a jubilados por la Ley de Movilidad, al menos 2.000 millones de dólares de costo adicional para el último trimestre y 7.000 millones para 2010.
La nueva orden para la Administración de la Seguridad Social es repatriar, a toda velocidad capitales invertidos en el exterior. Ya ha comenzado a hacerlo, el pasado mes, con el retorno de 764 millones de dólares en efectivo utilizando un fondo de inversión gestionado por una sociedad de Bolsa de Nueva York. Lo justo para esquivar la amenaza de embargos del juez Griesa ante las denuncias de los tenedores de bonos y traer a la Casa Rosada una nueva inyección de liquidez. Quedará menos margen para gasto público y política anticíclica con una recaudación afectada por la crisis. Menos aún, para sostener las inversiones. Ha comenzado a soltar el lastre fuera. Y se piensa retirar la mano del Estado y reeditar la tocata y fuga -la ‘bolsa a cambio de la vida’ y de la renuncia al sitio en las Juntas Directivas de las grandes multinacionales- a bordo del accionariado de algunas de las participadas por los fondos de pensiones.
Lo ha comenzado a descontar el titular de Economía, todos los pasos de sus urgencias se pisan ya allende las fronteras argentinas, busca el atajo al redil del crédito internacional, pero trata de hacerlo esquivando la puerta del FMI. Sólo acepta las migajas de los 2.500 millones de Derechos Especiales de Giro que le corresponden a Argentina: lo justo para algunos vencimientos cercanos de deuda, como los 2.350 millones de dólares que vencen el 3 de agosto del Bonden 2012, pero poco para aproximarse a los al menos 8.000 millones de dólares de reservas que tendrá que usar en los próximos dos semestres sólo para seguir cumpliendo con el programa de la deuda atrasada. Nada de acercarse a las promesas de Cristina Fernández que en septiembre- en plena euforia por la digestión de la Anses- prometía cancelar los 6.900 millones de dólares de mora con el Club de París y refinanciar los bonos por valor de 20.000 millones de dólares con los tenedores que rechazaron su canje en 2005, tras el default de 102.000 millones de dólares de 2001. Con los primeros, reedita las sonrisas. Con los segundos, sólo le queda cruzar los dedos para que -paradojas de la tierra del tango- sea justamente el precio por los suelos de los bonos en default lo que anime a los holdouts a negociar para sus 28.000 millones de dólares pendientes lo que repudiaron en 2005. Pero no es Credit Suisse First Boston el único que recomienda no acercarse a los bonos argentinos -ni a los 5.000 millones a 20 años que estudia emitir la Casa Rosada en los próximos meses- mientras el Gobierno no cambie o aclare sus horizontes a medio plazo.
Es el mismísimo Banco Central y las luces rojas que ha encendido a su llegada el nuevo ministro de Economía, Bodou, las que llueven sobre mojado en los avisos de las calificadoras de riesgo y el perfil de los bonos: Ni la letra pequeña de S&P a la que se aferran los Kirchner ni las nuevas caras de su aparato económico opacan los fantasmas que Fitch Ratings advierte a iProfesional: la nacionalización del sistema de seguridad social fue la respuesta inadecuada a la crisis. La falta de liquidez en el mercado local es sólo una evidencia más de que los inversores extranjeros no se acercan y los argentinos se ponen a cubierto en la trastienda de un escenario en el que han entonado la tocata y fuga. El zigurat de sus impagos tiene sucursales provinciales, se lo advierte el BCRA: las cuentas provinciales seguirán deteriorándose por la caída de recursos propios y la coparticipación federal de impuestos. Economía y Regiones estima que el déficit de las provincias ascenderá al menos a 10.0000 millones de dólares en 2010, 12.000 si se reabren las paritarias antes de fin de año. Los Kirchner vuelven a guardar a la nevera el surgimiento de las ‘cuasimonedas’ regionales. Y buscan ofrendas de paz para los gobernadores, que con Buenos Aires en cabeza -incluso los oficialistas hasta ahora más cercanos al ‘kirchnerismo’- exigen los pagos retrasados del Estado y apoyo del Gobierno para acceder al mercado de crédito internacional, si no quiere que se zambullan en cesación de pagos y emisión de monedas propias como en la crisis de 2001.Sólo la capital requiere 4.000 millones de pesos si no quiere acabar el año en quiebra.
HULK - July 30, 2009 03:55 PM (GMT)
Los Kirchner se ahogan con la fuga de capitales y aumentan la presión sobre el Santander
Le amargan los resultados, le levantan los muros del mercado uruguayo y tratan de arañar información sobre los grandes inversores argentinos en el exterior
Javier Aldecoa.- Salen de cacería. Ya hacen sonar las tubas de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP). Ni la caja de las pensiones estatalizadas de la Anses puede disimular que a Argentina le duele el flanco fiscal. Tanto que Cristina Fernández no tiene más remedio que tratar de ponerle puertas a la fuga que se ha llevado del país 23.000 millones de dólares este año, tantos como en el colapso de 2001. Cierra las compuertas de las operaciones bancarias y financieras con Uruguay. Entona el canto de sirenas: desde ahora el capital podrá regresar sin depositar los fondos en el sistema bancario y acogerse a un menú más amplio de inversiones. Pero con el otro puño, la Casa Rosada sacude la amenaza a los bancos, los fondos de inversión y cualquiera que coincida, a sus ojos, con el perfil de inversor en latitudes ajenas. A Emilio Botín le agita las dos. Los Kirchner enarbolan las varas del escarmiento y buscan otra vez que el Santander Río tapone alguna de las fugas, al menos las del populismo peronista. Se han intentado montar en las dudas de los estafados por Madoff. Dan por hecho -advierte Echegaray- que entre ellos hay fuertes inversores, no todos ‘en blanco’ y asusta el miedo tras cualquier información que le ponga apellidos a la fuga de capital.
A Botín ya hace más de tres meses que los Kirchner le cobran sus galones de primer banco comercial en el país vecino, su liderazgo en créditos y la sombra de Madoff sobre Optimal. Con cada vuelta de tuerca resucitan las tentaciones de huida que los de Boadilla se pensaron hace ya tres años.
En la bisagra de sus recelos hacia el país vecino, el Gobierno intenta pillarle los dedos de la colaboración al Santander. En los muros uruguayos choca de frente contra la mano de Botin la prohibición de transacciones financieras. Al Banco Santander Río, la Casa Rosada le amarga los resultados de este trimestre, le presiona las tasas y los tipos de crédito -como a todos- y le baila los fondos prometidos de las pensiones estatalizadas -como al resto- pero aprovecha el tren de los 500 millones de fondos argentinos atrapados en la telaraña de Bernard L. Madoff -que en Buenos Aires sigue descarrilado- y los bríos de la campaña de la AFIP, a la caza del retorno de capitales. Echegaray prometió 'soto voce' hacer del banco el paradigma del látigo de la AFIP. La Administración pone la mira en los inversores locales de apellido Madoff - por cierto, unos de los menos proclives a negociar con Santander- que han buscado acuerdos extrajudiciales y propone ayudarles en EE UU, Suiza y Madrid -los del Optimal- a cambio de información.
Ya trató -con inspectores en ristre y desembarco en las oficinas del banco hace dos meses- que el equipo de Botín desvelara los nombres de sus grandes inversores, o al menos de que el miedo de sus clientes -para empezar los del Optimal y sus más de 400 millones de dólares argentinos- se destapara solo. Ahora vuelve por sus predios. Ni el acuerdo con el administrador legal de los bienes y activos de la firma de Madoff, Irving Picard, ni los muros de la protección del Santander hacia sus inversores y su entorno se lo han puesto fácil hasta ahora al zigurat de rumores y delaciones que los Kirchner han querido tejer. Pero la AFIP huele al capital con vocación exterior y les tiene ganas a sus 120.000 millones de dólares de apellidos argentinos. Consuela, al menos a los ojos de los Kirchner, el hasta ahora débil plan de blanqueo husmeando en cualquier hilo suelto para los ovillos de liquidez que necesita destapar.
Argentina busca torniquetes bancarios y los tapones del miedo para cerrar -por las buenas o por las malas- las vías de agua que desaguan el barco de las cuentas públicas argentinas y se tragan cada dos meses la misma cantidad que las pensiones estatalizadas pensaban aportarle a las arcas argentinas. Trata de atraer de nuevo a los capitales espantados con el señuelo del perdón legal para el ‘blanqueo’ y el aliciente fiscal, del 8% al 2% en impuestos. La Casa Rosada quiere traer de vuelta a las clases altas, los inversores más intensos, los que sacaron del país 5.000 millones de dólares desde enero, un 150% más que en el mismo periodo del año pasado. Lo hace por la puerta de la seducción con la misma intensidad que por la de la presión.
UNA CACERÍA QUE ESPANTA
Echegaray hace saber que tiene nombres y que más allá del 31 de agosto hará caer sobre ellos el peso de la AFIP. Ya ha enviado dos rondas de notificaciones a personajes de entorno deportivo y del mundo del arte y del espectáculo avisándoles de que podrían haber olvidado ‘blanquear’ sus cuentas. La AFIP buscará apuntalar el IVA con premios semanales. Pero por más que Cristina Fernández se disfrace de ‘Moisés’ del blanqueo de capitales, ni los euros ni los dólares -37.500 millones en dos años- se animan a retornar por sus aguas abiertas. Para disgusto del sistema bancario, los argentinos bailan el tango de ‘coge el dinero y corre’ como nunca. Con cada vuelta de tuerca, la AFIP y la Casa Rosada no sólo espantan los dólares de las reservas del Banco Central, sino que alejan la voluntad de unos capitales que en los planes de los Kirchner debían retornar nada menos que a nutrir inversiones públicas en infraestructuras, energía y el tejido industrial. Por ahora, son más los que se van que los que regresan y el colchón de la balanza de pagos comercial, el que amortiguó hasta ahora el 75% de la fuga, ya no tiene espesor para parar más golpes. En apenas los últimos doce meses, el miedo de los inversores se ha bebido el equivalente a todo lo ingresado desde 2005 en las reservas del Banco Central.
El miedo de los mercados, la peor calificación de deuda del Estado de todo el continente, la desconfianza de analistas, inversores y hasta de los pensionistas le espantan las cuentas Fernández. La retracción de la actividad económica y del comercio exterior argentino ha anclado los recursos tributarios, que concentran el 61% de los ingresos totales, con un crecimiento de tan solo el 0.7% frente el 49% registrado al primer cuatrimestre de 2008. Sólo la digestión de los recursos adicionales de los fondos de pensiones estatalizados -un 56% de los ingresos este trimestre- han permitido a la Casa Rosada eludir un crecimiento real negativo de la recaudación en cada uno de los cuatro primeros meses de este año. Si se incluye el pago de los intereses de la deuda, el resultado fiscal dejó de ser superavitario, pasando de un ahorro de 1.611 millones de dólares en abril de 2008, a un déficit financiero de 1.715 millones, con una caída interanual del 206%. Sin la ayuda de Venezuela (que no tiene el petróleo para seguir con alegrías argentinas), las puertas del sistema internacional cerradas y sin más capacidad de autopréstamos del poder Ejecutivo, la ecuación no sale. Menos aún para alimentar un plan de inversiones de 71.000 millones de pesos (21.000 millones de dólares) con el que trata de darle cuerda al laberinto de su economía y al reloj de las deudas políticas del peronismo ahora que las elecciones legislativas están a la vuelta de la esquina y hay que contentar a las provincias.
El gobierno de Fernández ensaya requiebros en un terreno acotado en el que juega sólo con tres bazas marcadas y huérfanas de financiación: nuevos créditos a la producción y el consumo, un plan de inversión industrial y su programa estrella para repatriar capitales. Ni los cambios constantes en las reglas de juego, ni las modificaciones retroactivas en los impuestos, la estatización de empresas y del sistema previsional, ni las sombras sobre las estadísticas públicas ayudan. Se lo recuerdan todos los bancos, a los que ahora la flexibilización del blanqueo los deja aún más lejos de unos capitales que ya no tendrán que recalar en entidades financieras: tras la amenaza de revisar a la fuerza las cajas de seguridad, la nueva oleada de presiones sólo reaviva sus recelos. La ley penal cambiaria y el miedo a represalias no es la única norma que desalienta el blanqueo. También el rechazo del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, que no se acoge a los planes de retorno de capitales de los Kirchner. Por las regulaciones de combate al lavado de dinero, los bancos están obligados a alertar al Central y a la Unidad de Información Financiera ante cualquier operación que parezca sospechosa, sin necesidad siquiera de avisarle al cliente que la realiza. En cambio, por la ley de blanqueo, las entidades financieras deben darse por satisfechas con la sola explicación de que los fondos provienen de actividades lícitas, aunque no hayan sido declarados ante la AFIP. Esta falta de coordinación normativa comenzó a crear problemas operativos entre las filiales de algunos bancos internacionales y sus casas matrices.
La Casa Rosada trata ahora de echarle doble llave al blindaje de sus capitales con Uruguay, Suiza y las Islas Caimán. Se piensa aún cómo articular los cortafuegos con Montevideo para taponar una vía de agua que acumula más de 10.000 millones de dólares argentinos y que sólo en el año pasado se ha llevado un tercio de la desbandada. Ni la diplomacia, ni la decisión de la OCDE y las promesas uruguayas de facilitar información bancaria han podido evitar que el Banco Central argentino haya prohibido que las entidades bajo su supervisión como bancos y casas de cambio, entre otros incorporen como contraparte de sus operaciones a personas físicas o jurídicas que acusen domicilio en Uruguay, Suiza o las Islas Caimán. La nueva normativa acotará aún más los márgenes de acción, como si fuera un cerrojo para operaciones con Uruguay, para aquellos que realizan operaciones que permiten a inversores comprar activos financieros con cotización local en pesos y liquidarlos en plazas del exterior en dólares. La contradanza de la fuga financiera le marca nuevas líneas rojas a Emilio Botín, que ha hecho del Santander en Uruguay- ahora que ha consumado la digestión del ABN local- el primer banco comercial privado y una de las autopistas de la inversión, los depósitos y el crédito entre ambos lados del Río de la Plata. Y que no esconde que el año pasado disponía de una fuerte presencia -33 sociedades- en paraísos fiscales como Caimán, con más de 5.000 millones de euros en capital y reservas declarados.
EL TANGO DE LA FUGA FINANCIERA
La Casa Rosada le pone una música al tango del capital y la inversión. Pero los pesos, los dólares y los euros ponen su propia letra. Y no coinciden. Y es que el fantasma del corralito anima a la fuga. El puño de los Kichner sobre las AFPJ anima a las denuncias y a la congelación de fondos que el juez Griesa ya comenzó hace semanas en EE UU. Los inversores amansan su euforia. Las multinacionales -sólo hay que ver la desinversión del gigante brasileño Gerdau y los recelos de Petrobras- seguirán con sus caballos parados. Si les dejan los Kirchner. Cargarán con ellos. Son los únicos que tienen liquidez a mano, si no surte efecto el aporreo bajo cuerda al FMI y las instituciones de crédito internacional. Sólo el Banco Europeo de Inversiones ha respondido al canto de sirenas, pero su préstamo -el primero tras el default- está ligado a la Volkswagen y a financiar la tv digital, si Buenos Aires escoge el modelo europeo.
Hasta los cálculos más optimistas no esperan un retorno superior al 10% de los 150.000 millones de dólares que siguen fuera del país. La ecuación se dibuja desde la Casa Rosada lista para favorecer el blanqueo sin retorno y, en todo caso, la inyección de liquidez a sus planes de infraestructura: quienes declaren sus capitales sin traerlos al país, pagarán el 8% de los impuestos que gravan el capital. Quienes traigan los capitales pagarán el 6%, quienes lo inviertan en títulos de deuda del el 3% y quienes lo inviertan en sectores como las infraestructuras, inmobiliario, o la actividad agrícola, el 1%. No es la consultora norteamericana de Kennneth Rijock -un experto en más de 100 operaciones de lavado- el primero en advertir que el plan de retorno de capitales de los Kirchner sólo atraerá a dinero negro de las drogas de toda la región.
Lejos de tranquilizar a los analistas e inversores internacionales, las últimas medidas anunciadas por la Casa Rosada lograron el efecto contrario. Reforzaron sus sospechas sobre cuán vulnerable aparece la Argentina ante la incipiente crisis global, con lo que superó un nuevo umbral: hoy es vista peor que Venezuela y Ecuador, cuyo gobierno acaba de repudiar parte de su deuda. Quizá el Gobierno consiga evitar el default en 2009 si se bebe el cóctel de los fondos de las AFJP y las reservas del Banco Central. Pero la ‘resaca’ de una posible recesión y la erosión creciente de la confianza pueden llevar a una espiral en los costos de la deuda y la liquidez disponible.
HORIZONTE INCÓMODO PARA EL SANTANDER
Es el Servicio de Estudios del BBVA el primero en advertir que algo huele a 2001 en Argentina, en igualar el riesgo con Venezuela y alertar de que los Kirchner y Chávez caminarán juntos de la mano hacia la recesión en 2010. Además, el Gobierno ha formalizado el canje de los Préstamos Garantizados -un tercio en manos del BBVA, Santander y Banco Galicia- por nuevos títulos de deuda y reabrió las negociaciones con entidades financieras locales para alcanzar una adhesión del 100%. Les niegan los créditos de la Anses, nada de obras de compensación de las pensiones. Y del retorno de capitales, ni se ha visto ni se verá. Menos ahora que Cristina Fernández teje sus propias zancadillas y con ley penal cambiaria prevé sanciones para quienes sacaron del país los fondos que ahora se podrían repatriar. Al tomar control de los fondos de las AFJP, el Gobierno anunció con orgullo que destinaría 13.200 millones de dólares para canalizar a través de los bancos y promover el crédito, en lugar de los exitosos fideicomisos privados. Sin embargo, hasta ahora las adjudicaciones son menos de un 18% de ese horizonte.
La Casa Rosada baraja los créditos de la Anses, las compensaciones a la pérdida de los fondos de las AFPJ y las amenazas. Los fondos de la ANSES están siendo colocados a tasas bajas en plazos fijos para financiar operaciones de compra de activos financieros o el otorgamiento de créditos blandos. Deja sus prebendas en manos de los menos beligerantes. La fuga de capitales, la desconfianza que frena el proceso de bancarización, las zozobras del consumo y el crédito -en los que el banco es uno de los primeros del país- le oxidan ya la corona al Santander Río en la tierra del tango. Los impuestos y las provisiones comienzan a restar oxígeno a los beneficios, ya lo han hecho en el primer trimestre con la primera caída en años del banco que más créditos acumula en el país austral, un 37% menos y la exposición al consumo ha elevado su morosidad del 1,4 al 1,9% tan sólo el último trimestre. Con un negocio muy dependiente de su cartera de préstamos al sector privado -es el líder- y del segmento minorista el Santander Río respira ya en los últimos meses por la herida e la disminución del ritmo de crecimiento en su actividad crediticia. Las nuevas condiciones impositivas y el marco legal que cocina ya Cristina Kirchner de espaldas a su marido pueden ser el colofón a su tango ‘cuesta abajo’. Los que le amarguen la sonrisa argentina que Botín congeló ya desde octubre.